miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Cómo pueden dos cerebros y dos corazones ser “una sola carne”?


una sola carne en el matrimonio

¿Cómo construir un proyecto común entre esposos a cuatro ojos, dos corazones, dos cerebros, pero “una sola alma y una sola carne”? Pareciera que estamos ante un imposible o que, por lo menos, lo que el Señor propone en la Sagrada Escritura es sólo una utopía, como suele parecer, para muchos, todo lo suyo.
No es fácil entenderlo sobre todo cuando pasamos por alto que el amor no es un proceso de aniquilamiento del propio ser, como creen los enamorados, ni es una anulación de la individualidad ni de la identidad para caer en una peligrosa fusión de personas que muchas veces, como en los elementos de la química, suelen ocasionar una reacción explosiva en la que terminan destruyéndose a sí mismos. De esta manera, lo que se inició como una fusión inapropiada de almas termina como una fisión de caracteres que llamarán posteriormente “incompatibilidad”.
¿Se puede, entonces, ser “una sola alma y una sola carne” con cuatro ojos y dos cerebros? Sin duda que sí. Aquí es necesario reconocer que Dios nunca propone imposibles para el hombre. El “hacerse uno” bíblico no es una llamada al amalgamiento que despoja al ser humano de su propia identidad, ni de su capacidad para pensar, decidir, optar, hacer, ni menos aún en convertirse cada uno en títere en las manos de la otra persona. “Hacerse uno” no pretende desconocer lo que cada quien es haciéndole perder su esencia bajo la premisa de construir una nueva porque se corre el enorme peligro de terminar sin saber quién se es.

La unidad querida por Dios no anula sino que permite entender de un nuevo modo la vida

Se trata de una acto de oblación personal, de donación total del propio ser, sobre el que se tiene conciencia, para poderlo compartir con la persona que se ama. Esto se entiende mejor cuando tomamos la figura empleada por el apóstol Pablo en la carta a los Efesios cuando habla de Cristo como cabeza y esposo de la Iglesia, que se entrega y da su vida por ella, la protege, la cuida, la arropa, la santifica.
matrimonio una sola carne
Esto requiere, no podemos desconocerlo, de ciertas similitudes, de cierta empatía espiritual, temperamental, de carácter. No podemos seguir engañándonos con la famosa frase “polos opuestos se atraen”-cosa que es verdad, pero en los imanes-pero que no resulta tan certera entre humanos. El hecho de que exista cierta química fisiológica no asegura que dos temperamentos extremadamente opuestos logren convivir. Este, precisamente, es uno de los argumentos esgrimidos en los tribunales para pedir el divorcio: “incompatibilidad de caracteres” (¿Y dónde quedó aquello de “polos opuestos se atraen”?- me pregunto yo). Lo que un día fue argumento para unirse lo es hoy para des-unirse.
Pero además es necesario saber que un proyecto a dos cerebros y una sola carne sólo puede llevarse a cabo cuando se entiende y se acepta el plan de Dios, plan que no es otra cosa que la felicidad del hombre y que le lleva a pedir compromisos en el tiempo y en el espacio con algo y con alguien. Dicho proyecto no desconoce lo que cada quien es, pero si conduce, y esto es otra cosa totalmente diferente, a renunciar (ojo, distinto a aniquilar) a todo aquello que se convierte en un obstáculo para la consecución de una meta que deja de ser personalizada para volverse común. Tal vez una de las cosas en la que más se necesita unidad es en el hecho del estilo, el modo como se quiere alcanzar la meta.
La unidad requerida para el éxito en el amor exige que los cerebros no se confronten, se complementen; los ojos no miren hacia lados distintos sino que aprendan juntos a tener un mismo fin.
También se necesita que cada uno ponga en el otro su propia riqueza humana, no con sentimientos competitivos, sino para complementarse mutuamente, para aprender a mirar con mayor amplitud lo que se quiere, lo que se busca. La vista humana tiene una rango de 180º y al unirla con la mirada del cónyuge se logra una visión de círculo, es decir, de 360º, lo que ayuda a tener una perspectiva mucho más amplia de todo.
Dos cerebros, cuatro ojos, dos corazones, “una sola carne”, ayudan a sumar y no a dividir y la unidad requerida para el éxito en el amor exige que los cerebros no se confronten, se complementen; los ojos no miren hacia lados distintos sino que aprendan juntos a tener un mismo fin; que los corazones no busquen sólo su propio bienestar sino el bienestar de todos.
Dios es infinitamente sabio, sabe por qué ha hecho semejante propuesta de unidad a personas que se dejan arrastrar fuertemente por sus propios deseos, sabe que en la medida en que lo logren podrán alcanzar juntos lo que es más difícil alcanzarlo solos. Hay proyectos que nunca el hombre podrá alcanzarlo sin la ayuda de su cónyuge, por eso Dios ha puesto al humano como ayuda del humano. Y sólo el amor permite la unidad indisoluble de dos corazones egoístas.
Fuente: Revista Vive, Aleteia

martes, 27 de octubre de 2015

El Sinodo de la Familia

VATICANO, 24 Oct. 15 / 04:05 pm (ACI).- Los trabajos sobre el Sínodo de los Obispos han terminado esta noche en el Vaticano y el documento final, producto de la reflexión de todos los padres sinodales, ha reafirmado la doctrina católica sobre el matrimonio, su indisolubilidad; y ha resaltado la belleza de la familia y del plan de Dios para ella.
El texto, compuesto por 94 numerales fue votado uno a uno. Todos fueron aprobados con los dos tercios requeridos como mínimo: en este caso 177 votos.
En el numeral 1, votado unánimemente por todos los obispos presentes (260 votos), el Sínodo agradece “al Señor por la generosa fidelidad con la que tantas familias cristianas responden a su vocación y misión, incluso ante los obstáculos, las incomprensiones y los sufrimientos”.
En ese mismo numeral, los obispos reunidos en el Sínodo recuerdan las palabras del Papa Francisco en la homilía de inicio el 4 de octubre, cuando explicó que Dios creó al hombre y a la mujer. El Señor, dijo luego el Santo Padre en esa ocasión, “une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad.
Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante. (…) Solo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único yusque ad mortem” (hasta la muerte).
En el numeral 5, aprobado por 256 votos, los obispos resaltan que “también hoy el Señor llama al hombre y a la mujer al matrimonio, los acompaña en su vida familiar y se ofrece a ellos como don inefable”.
En el numeral 23, titulado “Migrantes, prófugos y perseguidos”, aprobado por 253 votos contra 4, los obispos afirman que “la historia de la humanidad es una historia de migrantes: esta verdad está inscrita en la vida de los pueblos y las familias. También nuestra fe lo reafirma: todos somos peregrinos”.
Este numeral indica además que cuando la migración es forzada y es “fruto de situaciones de guerra, de persecución, de pobreza, de injusticia, marcada por las peripecias de un viaje que pone con frecuencia en peligro la vida, traumatiza a las personas y desestabiliza a la familia”. “El acompañamiento a los migrantes exige una pastoral específica con las familias en migración, pero también con los miembros de los núcleos familiares que se quedan en los lugares de origen”, agrega.
En distintas ocasiones durante el Sínodo, los obispos habían solicitado un documento que tuviera una mayor cantidad de citas de las Sagradas Escrituras. En el numeral 39 explican cómo se trata este tema en el libro del Génesis y señalan que “el hombre y la mujer, con su amor fecundo y generativo, continúan la obra creadora y colaboran con el Creador en la historia de la salvación a través de la sucesión de las genealogías”.
En el numeral 41, titulado “Jesús y la familia”, los prelados resaltan que “el ejemplo de Jesús es paradigmático para la Iglesia. El Hijo de Dios ha venido al mundo en una familia. En sus treinta años de vida oculta en Nazaret –periferia social, religiosa y cultural del Imperio– Jesús ha visto en María y José la fidelidad vivida en el amor”.
El texto hace también un breve resumen sobre lo que enseña el magisterio de la Iglesia a través del Concilio Vaticano II, el Beato Papa Pablo VI, San Juan Pablo IIBenedicto XVI y Francisco, para luego tratar del tema de la familia en la doctrina cristiana en el capítulo tres.
El numeral 48 titulado “Indisolubilidad y fecundidad de la unión esponsal” –aprobado por 253 votos contra 6– resalta que “la irrevocable fidelidad de Dios a la alianza es el fundamento de la indisolubilidad del matrimonio. El amor completo y profundo entre los cónyuges no se basa solo en las capacidades humanas. Dios sostiene esta alianza con la fuerza de su Espíritu”.
De otro lado, el numeral 62 titulado “La transmisión de la vida” –aprobado por 259 votos– subraya la importancia de “las familias numerosas en la Iglesia que son una bendición para la comunidad cristiana y la sociedad, porque laapertura a la vida es exigencia intrínseca del amor conyugal”.
“Con estas luces, la Iglesia expresa su viva gratitud a las familias que acogen, educan y llenan de afecto y transmiten la fe a sus hijos, de modo particular a los más frágiles y marcados por la discapacidad”, prosiguen.
El numeral 63, aprobado por 237 votos contra 21, indica luego que “según el orden de la creación el amor conyugal entre un hombre y una mujer y la transmisión de la vida están ordenados el uno a la otra (Gn 1, 27-28)”.
“En este modo el Creador ha hecho partícipes al hombre y a la mujer en su obra de su creación y al mismo tiempo los ha hecho instrumentos de su amor, confindoles a su responsabilidad el futuro de la humanidad a través de la transmisión de la vida humana”, prosigue.
Los padres sinodales dedican luego tres numerales: 66, 67 y 68 para referirse a la importancia de la educación de los hijos. En el 67 destacan que “es importante que los padres se involucren activamente en el camino de preparación para los sacramentos de la iniciación cristiana, en calidad de ”.
primeros educadores y testimonios de fe para sus hijos
El tema de los homosexuales se plantea en el numeral 76 y se enfoca desde el acompañamiento que puede realizar la Iglesia a las familias en donde alguno de sus miembros tiene la tendencia homosexual.
Este párrafo del documento, aprobado por 221 votos contra 37, precisa además que “no existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”, como señala un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
El desafío de los divorciados vueltos a casar se trata específicamente en los numerales 83, 84, 85 y 86. En ellos hay una amplia explicación sobre la importancia de acogerlos en la Iglesia y recordarles que no están excomulgados aunque su situación es irregular; y plantea una serie de orientaciones para acompañar a estos fieles y cuidar especialmente el bien de los hijos.
Fuente: AciPrensa2015
https://www.aciprensa.com/noticias/documento-final-del-sinodo-reafirma-doctrina-de-la-iglesia-y-resalta-belleza-de-la-familia-52836/